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Semillas de amor que sanan

Cuando hacemos de Dios, la fuente de nuestro amor, cómo debería ser, dando amor también sanamos.

Lucas 10.25–28 (RVR60)

25 Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?

26 Él le dijo: ¿qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?

27 Aquél, respondiendo, dijo: Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.

28 Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás.

Una de las necesidades básicas del ser humano es el amar y ser amado.  Según los estudiosos, bíblicamente hablando, existen tres manfestaciones del amor. 

  1. El amor ágape – que es el amor incondicional y supremo que nace de Dios (ver Juan 3:16);
  2. El amor filial que es el amor fraternal o como mejor se le conoce, el amor al prójimo (ver Efesios 4:2) y
  3. El amor erótico que es el amor entre parejas (ver Efesios 5:21-33). 

La biblia presenta y  exhorta a que el amor sea el centro de todas las relaciones.  En efecto, Jesús menciona en varias ocasiones que el resumen de la ley es el amor.

¿Qué es el amor?

El amor es más que un sentimiento, es una decisión que conlleva acción. Así como la acción suprema del mal es el odio, la acción suprema del bien es el amor.  Ambos son verbo y tienen efecto en las personas a través de la acción.  Esto lo vemos en 1 Corintios 13:4-13 donde el autor define el amor con palabras que sugieren acción.  Entre todas las palabras que se desprenden del amor en ese pasaje bíblico el autor establece en el versículo 4 que “el amor es benigno”.  Alguien que te dice que te ama, ¿te está haciendo bien?  ¿Alguien que tu dices que amas, le estás haciendo bien?

La biblia nos compara con un árbol, exhortándonos a dar frutos fundamentados sobre la roca que es Cristo Jesús, yo estoy seguro de que si hoy somos personas de bien, es gracias a una semilla de amor que fue sembrada en nuestra vida, aunque no siempre correspondemos ese amor, llegó el momento en que lo hicimos.

Una de las cosas que no podemos negar en cuanto al amor, la parte más difícil es cuando amamos y no somos correspondidos.  Sin embargo, el no ser correspondidos, no significa que amaremos en vano, así como no fuimos amados en vano.  Tal vez tu esposo, esposa recientemente ha cambiado, tu hijo o tu hija no te obedece, sientes que te faltan el respeto, sientes que lo que haces en el reino no vale la pena o cualquiera que sea la situación.  Nunca olvides dos cosas, el amor y la paciencia que Dios a tenido contigo y el sacrificio de Jesucristo en la cruz.  Ambos fueron voluntarios e inmerecidos.

Las cosas no siempre parecerán justas, no siempre parecerán ir a nuestro favor, es ahí cuando más que nunca debemos aferrarnos al amor del Padre.  Es ahí cuando más que nunca debemos de confiar en Dios.  Es justo en ese momento cuando debemos acercarnos al amor del Padre para que sane nuestras heridas; justo cuando podemos llenarnos de Su gracia para no desistir en sembrar la semilla de amor de la palabra de Dios con la esperanza de dará frutos en su tiempo.

Para reflexionar:

¿Siento que no me corresponden al amor que doy?

¿Cuándo me siento abandonad@, estoy acercándome a Dios para hablarle?

¿Le estoy pidiendo a Dios la paciencia necesaria para esperar el fruto del amor que siembro?

Oración guía:

Padre te pido que me llenes de tu amor, que me ayudes acercarme a ti especialmente en tiempos que no me siento amado.  Lléname de tu amor para poder sembrarlo en otros que lo necesiten y confío en que la semilla dará su fruto en su tiempo.  AMEN

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