Síguenos:

La Iglesia Celular

Estos tiempos que estamos viviendo es importante saber lo que verdaderamente es la iglesia celular y cómo podemos aprenderlo de la historia para aplicarlo en nuestro tiempo actual.

La palabra iglesia en el diccionario original del griego ekklesia, significa asamblea convocada con un propósito determinado, pueblo de Dios.[1] A pesar de que en el NT se utiliza para designar a la iglesia y que significa el pueblo de Dios llamado a ser una comunidad por la predicación del evangelio de Jesucristo, el perdón de los pecados, el bautismo y la presencia del Espíritu Santo, literalmente significa «una asamblea de personas especialmente llamadas o convocadas.» Recibió su significado religioso cuando los traductores de la versión de los 70 lo adoptaron en orden a expresar en griego las palabras hebreo que se refieren a Israel como el pueblo de Dios y el pueblo frente a Dios (el «verdadero Israel»).

Para que un nombre que tenía un significado primeramente secular y luego convertirse y relacionarlo con el significado religioso en aquel tiempo tenía que existir un movimiento sumamente grande y conocido en todas partes.  Tenía que haber sucedido algo que la gente necesitara desesperadamente para haberlo adoptado de esa forma.

El papel que tenía la iglesia era muy importante y relevante para el pueblo.  Era ese algo que se estaba levantando, cambiando las cosas para bien porque desesperadamente lo necesitaban.  Poco antes de la aparición de Cristo, la gente andaba viviendo un tiempo de tormentas sociales como hambre, presión política, abuso de poder y corrupción a niveles tan altos que el pueblo ya estaba en sus límites.  Entonces surge la historia de este hombre que andaba caminando entre el pueblo y los líderes religiosos haciendo alboroto, desafiando la autoridad, haciendo milagros, señales y prodigios que ningún otro había hecho o se había escuchado hacer en tiempos recientes, dándose a conocer a si mismo como hijo de Dios por las obras que hacía.  Este hombre había despertado en las personas mucho más que un deseo.  Les había hecho olvidar su hambre, les había puesto la convicción en su corazón de que existía una mejor manera de vivir que la que estaban viviendo y de la cual podían ser libres, incluso los había inspirado de que, si era necesario arriesgar su propia vida luchando por justicia, ellos estaban dispuestos. 

De esa manera fue que comenzó lo que hoy llamamos iglesia, las personas se reunían en lugares como sinagogas, lugares recónditos, pero ya no se reunían solo por reunirse con un propósito, sino que se reunían en el nombre de Cristo Jesús quien les había convencido de que había una causa que tenía un fin más allá del que se tiene en la tierra.  No contaban con estructuras de reunión como lo hacemos hoy en día, sino que era lo que en algún momento se le llamó la iglesia en movimiento, su refugio era la cobertura y dirección del Espíritu Santo de Dios manifestado en la medida en que se esparcían.

Hoy en día a esas iglesias se les llaman iglesias celulares por la razón de que no tenían un templo para reunirse regularmente, sino que se reunían en donde se encontraran o se pusieran de acuerdo.  Podría ser en una casa, un monte, bajo tierra, una sinagoga, etc.

La iglesia celular es la iglesia bíblica: todas las iglesias en tiempos del Nuevo Testamento eran pequeñas asambleas de creyentes, que se reunían en hogares. No es lo mismo una iglesia con células que una iglesia celular.  Lawrence Khong (The Apostolic Cell Church, 2000) dice: «Mi declaración es ésta: ‘Hay un mundo de diferencia—una diferencia sideral—entre una iglesia con células y una iglesia celular.’… La diferencia mayor entre la primera y la última es de carácter estructural. De aquí que, hay una diferencia entre ellas fundamental y no superficial.… En la iglesia celular, la célula es la iglesia.

Por lo regular nos preguntamos y hablamos y decimos ¿qué sucedió?  Al parecer lo que sucedía en aquellos tiempos no es lo que sucede en estos tiempos, pero la verdad es que no necesariamente tiene que ser así.  Les invito a que piensen en lo siguiente: en aquellos tiempos, como siempre sucede, hubo gente que se unía al cuerpo de Cristo y Su ministerio evangelista por conveniencia y no necesariamente por convicción, el movimiento era un movimiento grande por lo que estaba ganando muchos adeptos, hasta que se formó lo que hasta hoy en día se conoce como la iglesia católica. 

La iglesia católica surge dentro de una nueva forma de gobierno llamada relación entre iglesia y estado.  Es decir que cuando las revueltas cristianas se calmaron, al gobierno percatarse de la importancia de la fe que estaba ejerciendo la mayoría del pueblo, crearon tal sistema religioso gracias a una persona acabada de convertirse llamada Constantino.

Con la «conversión» del emperador Constantino, las cosas cambiaron radicalmente. La iglesia perseguida se volvió la iglesia tolerada, y pronto vino a ser la religión oficial del Imperio Romano. Como consecuencia de ello la iglesia, que hasta entonces estuvo formada principalmente por personas de las clases más pobres de la sociedad, se abrió campo entre la aristocracia.[2] 

De alguna manera esto sucedió hasta que el pueblo regresó al tiempo en el que vivían justo antes de que vivieran cómo vivían antes de Cristo en el sentido de que ya no era un asunto de abre paso que tengo el favor y la gracia de Dios sobre mí, sino que al convertirse el cristianismo en un asunto legal adherido al poder del estado, las personas que controlaban lo que se había convertido en una religión, nuevamente, no necesariamente lo hacían por convicción, sino por profesión y conveniencia.  Entonces muchos patrones irregulares y las interpretaciones erróneas de la biblia se convirtieron en un asunto común que lideró al abuso de poder incluyendo a los mismos creyentes hasta que se levantó una persona llamada Martin Lutero.

Martin Lutero establecía que el estado no podía exigir o pretender que el hombre pudiera salvarse por sí mismo, por sus obras, sino que la salvación era por gracia y que, por esa misma incapacidad del ser humano de mantenerse alejado del pecado, Jesucristo fue predestinado para salvarnos, estableciendo que los principios fundamentales de la biblia los habían tergiversado, creando un movimiento reformista que comenzó en Alemania y Europa y se esparció por el resto del mundo luego de casarse.

Luego de esto, se abrió paso para que las personas que tenían el poder y la capacidad de atraer otras personas crearan iglesias protestantes bajo sus propias interpretaciones o derechos. 

Escrito está que en los postreros días vendrán falsos profetas y muchos engañadores.  En medio de todas estas situaciones mucha gente prefiere quedarse en sus hogares y no ser parte de una congregación, entre otras razones. 

Es nuestro deber permanecer en la fe que agrada a Dios, pues la escritura lo declara.  Por lo tato, debemos de estar claros hacia donde Dios nos quiere dirigir en medio de los asuntos sociales presentes.  Si verdaderamente entendiéramos que la iglesia no son las cuatro paredes y que la iglesia no proviene de cuatro paredes.

Hoy en día, dentro de todas las metáforas que se usan para describir la iglesia, la más prominente es el Cuerpo de Cristo.[3]  Esto nos debe llevar a identificar única y exclusivamente con Cristo, su carácter y sus obras.  Fuera de la mención del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no hay otra identidad a la que la iglesia pueda acudir para buscar ser un reflejo o declarar Su fe, especialmente cuando la palabra declara que la biblia no es de interpretación privada (ver 2 Pedro 1.20).


[1] Deiros, P. A. (2006). Prefacio a la Edición Electrónica. En Diccionario Hispano-Americano de la misión (Nueva edición revisada.). Bellingham, WA: Logos Research Systems.

[2] González, J. L. (1995). Bosquejo de historia de la iglesia: González, Justo L. (pp. 38–39). Decatur, GA: Asociación para la Educación Teológica Hispana.

[3] (2000). En LBLA indice de topicos (electronic ed.). La Habra, CA: Foundation Publications, Inc.

Deja tu comentario y comparte

Comenta

Comparte el buen conocimiento

Contenido Gratis

Contacto y seguridad
Fruto del Espíritu

© TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS 2020