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El juzgar a los demás

Una frase muy común que escuchamos con frecuencia es el “no me juzgues”, “tú no eres quien para juzgarme”, “el juzgar a los demás no está bien”, etc., ¿pero realmente sabemos el significado de juzgar, de donde proviene y cuál es el uso? ¿es el juzgar bueno o malo? ¿tenemos autoridad para juzgar a otros? Esta y otras preguntas vamos a contestar en este estudio a la luz de las escrituras.

Introducción

La palabra juzgar proviene del griego “krino, juzguéis, significa “distinguir” y por lo tanto “decidir”)[1].  Al momento de emitir un juicio hay una distinción y por consiguiente una decisión.

El hacer una distinción es lo mismo que discernir, por ejemplo, lo bueno y lo malo, lo blanco de lo negro, lo puro de lo impuro.  Por lo regular tomamos decisiones basado en aquello que nos conviene de acuerdo con lo que estamos buscando.  La palabra distinguir se considera sinónimo de juicio, el Diccionario de la Real Academia Española define el juicio como discernimiento, razón, entendimiento. ≠ irreflexión, insensatez.[2] Entonces todos los días usamos nuestro juicio para tomar decisiones.

El juzgar se consideraría el utilizar nuestro juicio para opinar sobre los demás.  Utilizo la palabra opinar porque al menos que seamos un juez, no podemos tomar decisiones sobre la vida de los demás.  Entonces, si esto es de esta manera, ¿por qué la palabra narra que Jesús dijo que no juzgáramos para que no seamos juzgados?  Aprendamos.

Contenido

Mateo 7.1–3 (RVR60)

1 No juzguéis, para que no seáis juzgados.

2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.

3 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?

Preguntémonos lo siguiente:

  1. ¿A quién Jesús le estaba hablando?
  2. ¿Por qué dijo lo que dijo?
  3. ¿Cuál era el propósito de lo que dijo?

En realidad, las palabras de Jesús son aplicables a todo el que quieran sin embargo la mayoría de los teólogos coinciden en que se dirigía especialmente a los fariseos y el sistema de gobierno y juicio severo que existía para aquellos tiempos.

Jesús hace énfasis en no juzgar a los demás, para que no seamos juzgados por Dios y afirma que en la medida con la que medimos seremos medidos.  Esto les hacía entender a los fariseos que su sistema de juicio necesitaba ser enmendado, de lo contrario el juicio de Dios iba caer sobre ellos en la misma medida.

El propósito de Jesús decir lo que dijo era dejarle saber a los fariseos y a todo aquel que comete juicio severo y sin misericordia, primero se analizara a si mismo y su condición delante de la presencia de Dios, dando a entender en los siguientes versículos que en ocasiones las personas en posición de juzgar estaban en una condición peor que la de aquellos que juzgaban.

En nuestra vida cotidiana también vemos este escenario en donde las personas juzgan de manera injusta, ya sea verbalmente o desde una posición de autoridad. Si Dios puso jueces (ver Jueces) es porque necesitamos jueces para atender diferencias y situaciones que lo ameriten, pero es importante estar bien con Dios y hacer juicios correctos. 

¿Cómo puedo hacer juicios correctos?

Antes de emitir un juicio debemos de entender lo siguiente:

  1. No todos tenemos los mismos valores y convicciones – si así fuera, no existieran las barreras de denominaciones
  2. No todos fuimos criados de la misma manera – todos tenemos un trasfondo de vida diferente, fuimos criados en entornos diferentes con padres que a su vez vienen de situaciones diferentes, por lo tanto el resultado va ser diferente para cada uno
  3. No podemos ver el marco completo de lo que sucede – al momento de juzgar solo podemos hacerlo en base a lo que vemos delante de nuestros ojos o lo que escuchamos

Entendiendo lo anterior, pasemos hablar de moral.  La moral se define como el conjunto de normas, creencias, valores y costumbres que dirigen o guían la conducta de las personas en sociedad.  La moral permite distinguir acciones que son correctas (buenas) y cuales son incorrectas (malas).  Otra perspectiva la define como el conocimiento de lo que el ser humano debe hacer o evitar para conservar la estabilidad social[3].  Al momento de emitir un juicio debemos de entender que todos tomamos decisiones de acuerdo al sistema moral que hemos desarrollado.

¿Qué nos enseña Jesús?

Jesús nos enseña lo siguiente:

  1. Si no tenemos la moral correcta para emitir un juicio, mejor no juzguemos
  2. Jesús es la ley de Dios, por lo que tenía el derecho moral y la autoridad de juzgar
  3. Sus enseñanzas siempre ponían el amor y la misericordia como la primera exhortación, antes que el juicio y la condenación, pues el juicio y la condenación vendrían después de constantemente ignorar lo primero, a causa de la desobediencia y no necesariamente como castigo de Dios
  4. Jesús nos llama a tener un juicio sano, eso se logra confesando nuestros pecados, arrepintiéndome y buscando la santidad de Dios

Lo primero es que cuando juzguemos lo hagamos desde una justa perspectiva.  Jesús siempre fue enfático en la manera de expresar que aquellos que señalen a su prójimo deben estar bien delante de la presencia de Dios.  El pasaje más claro que podemos encontrar es el de la mujer que había sido infiel y la querían apedrear, pero Jesús sabiamente declara:

“el que esté libre de pecado que tire la primera piedra” (ver Juan 8.1-11). 

Es decir que si no tenemos la autoridad moral para juzgar, no lo hagamos.

Relacionado a esto, algunos refranes populares que escuchamos frecuentemente son:

“no tienes la moral para juzgarme; no tienes derecho a señalarme; quítate la paja antes de señalarme; tiran piedras, pero su techo es de cristal; no vives lo que predicas; entre otros”

Precisamente era esto lo que Jesús les decía a los fariseos al momento de decir “no juzguéis para que no seáis juzgados”.

Para juzgar a otros, lo más importante es que nuestra vida esté ordenada en cuanto aquello que estamos juzgando. 

Segundo, es necesario tener misericordia en nuestros juicios por varias razones, pues de alguna manera u otra todos cometemos faltas (ver Romanos 3.23) y aunque unas sean más graves que otras, siguen siendo faltas.  En segundo lugar, tal vez alguna vez estuvimos en la situación en la que se encuentra la otra persona.  Tener misericordia en nuestros juicios también implica conocer el trasfondo de la persona para poder entender un poco mejor la conducta que lo está influenciando a cometer el pecado o la ofensa para determinar si de alguna manera se le puede ayudar con su problema, recordando que nuestra lucha no es contra carne ni sangre (ver Efesios 6.12).

Tercero, aprendamos a juzgarnos a nosotros mismos.  Si notamos bien, el siguiente versículo luego de que Jesús exhortara a no juzgar, exhorta a que saquemos la viga que esta en nuestro ojo antes de mirar la paja de nuestro hermano.  El juzgarnos a nosotros mismos quiere decir que nos detengamos y reflexionemos sobre nuestras acciones del día a día y comparemos nuestras acciones con lo que Dios espera de nosotros para determinar que necesitamos atender.  Esto es muy importante porque es necesario que a la hora de juzgar andemos bien en aquello que estemos señalando, además de que Dios quiere que estemos completos y cabales sin que nos falte cosa alguna, o que tengamos algo de que avergonzarnos (ver Santiago 1.4).

El tener un juicio sano es vital a la hora de hacer juicios, quiere decir que mis acciones van a beneficiar no solo a mi persona sino a las personas que me rodean y por consiguiente decide por valores que están de acuerdo con la palabra de Dios.  El tener un juicio dañado determina valores distorsionados que a la postre traerán malas consecuencias para mi persona y/o por consiguiente a las personas que nos rodean, ya que andan en desacuerdo con la palabra de Dios.

La palabra de Dios nos ayuda a entender Su carácter y por consiguiente entender y valorar aquellas cosas que Dios valora.  Cuando aprendemos a valorar aquello que Dios valora comenzamos a experimentar el favor de Dios en nuestra vida y a ver el fruto del diseño de valores que le agradan a Dios.

Dicho esto, entendemos que cuando Dios determina algo en Su palabra, es porque ello nos va a traer estabilidad delante de Su presencia y será de bendición a nuestra vida.  Sus mandatos, Sus estatutos y Sus leyes están hechos para que aquellos que le obedezcan sean bendecidos (ver Deuteronomio 28.1-14) y no maldecidos.  Es decir que los juicios de Dios son buenos (ver Jeremías 29.11), por ello es que debemos obedecerle y el que no obedece, naturalmente sufrirá malas consecuencias pues así es como Dios determinó que fuera en Su creación porque al ser Creador, toda la creación está sujeta a Sus juicios (ver Colosenses 1.15-20).

Hablando de la palabra de Dios, analicemos cuando Dios ordena jueces para el pueblo de Israel.

¿Cuándo comenzaron a juzgar?

Entendemos que existían muchos conflictos entre el pueblo de Israel por lo que era necesario que hubieran jueces, así fue que todo comienza.

Éxodo 18.13–14 (RVR60)

13Aconteció que al día siguiente se sentó Moisés a juzgar al pueblo; y el pueblo estuvo delante de Moisés desde la mañana hasta la tarde. 14Viendo el suegro de Moisés todo lo que él hacía con el pueblo, dijo: ¿Qué es esto que haces tú con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde?

Los pasajes que leemos en Éxodo 18.13-27 y Deuteronomio 1.9-18 nos relata que Moisés pasa todo el día delante del pueblo juzgando entre ellos, cuando Aarón le advierte que así llegaría a desfallecer muy pronto y le sugiere que ordene jueces, varones de buen nombre y con sabiduría para que juzgaran al pueblo, entonces Moisés acordó y determinaron que si había algún caso difícil que se lo trajeran a él.  De esta manera la biblia registra por primera vez el nombramiento de jueces.

Una vez mas vemos que es bien importante estar bien delante de Dios, con razón Moisés escoge personas de buen testimonio, porque su buen testimonio y obediencia los calificaba para hacer juicios correctos, no sea que seamos hallados falsos y mentirosos no solo delante de Dios sino delante de los hombres.

Conclusión

El juzgar se encuentra en la naturaleza de Dios, especialmente por la constante del comportamiento errático del ser humano.  Una de las características de Dios es la justicia, palabra que es un atributo de Dios que mantiene lo que es coherente con su propio carácter, y que necesariamente juzga lo que está opuesto a él: el pecado[4] que en resumidas cuentas es la desobediencia a lo que Dios ordena.

Si vamos al principio cuando Dios creó todas las cosas por Su palabra, establece la biblia que era bueno (ver Génesis 1.10; 1.12; 1.18; 1.21; 1.25; 1.21), pero más adelante vemos que a pesar de que todo lo que Dios creó era bueno, el hombre siempre estuvo inclinado por la maldad en su corazón (ver Génesis 6.5).  Esto nos enseña que juzgar es necesario y que el tener un juicio sano es obedecer la palabra de Dios, mientras que el tener un juicio dañado por la maldad nos aleja de Dios y acarrea consecuencias negativas a nuestra vida.  Es decir que si nuestros juicios no son influenciados por lo que Dios ha establecido como bueno y malo andaremos errantes en la vida y peor aún, sin el favor de Dios, porque el pecar deliberadamente conlleva un horrendo juicio de parte de Dios (ver Hebreos 10.26-27).

El juzgar es una acción natural que distingue entre algo que es bueno y algo que es malo, por lo tanto, el juzgar no es malo, sino de la manera en la que lo hacemos, al momento de juzgar, hagámoslo con prudencia, justicia y cordura.  Si no queremos ser juzgados, obedezcamos a Dios, si somos juzgados, seamos humildes para escuchar, honestos con nosotros mismos y regresemos a Dios.


[1] Walvoord, J. F., & Zuck, R. B. (Eds.). (1995). El conocimiento bíblico, un comentario expositivo: Nuevo Testamento, tomo 1: San Mateo, San Marcos, San Lucas (p. 38). Puebla, México: Ediciones Las Américas, A.C.

[2] Foronda, E. P. (2007). Diccionario manual de sinónimos y antónimos: de la lengua española (p. 478). Barcelona: VOX.

[3] Holbach, Baron de (1812): La moral universal o los deberes del hombre fundados en su naturaleza (1: Teoría de la moral).

[4] Ventura, S. V. (1985). En Nuevo diccionario biblico ilustrado (p. 645). TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE.

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