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Cuidado con juzgar el corazón

En ocasiones soltamos lo primero que ven nuestros ojos, olvidando que tenemos 2 orejas para escuchar y un gran cerebro para pensar antes de abrir la única, pero poderosa boca que tenemos. Reflexionemos sobre el juzgar.

Juan 12.47 (RVR60)

47 Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.

Hoy en día todos quieren ser apóstoles.

La iglesia está dormida.

Qué mucha competencia hay entre los mismos hermanos de la iglesia.

No me gusta como ora, no se siente que es de corazón.

No sentí nada en el servicio.

Los pastores solo les importa el diezmo.

Mira la forma en que está vestid@.

Se cree que es hijo de Dios y no lo es.

La iglesia no crece.  Los creyentes saltan de iglesia en iglesia.

Etc, etc, etc.

En honor a la verdad, por naturaleza somos prontos para abrir nuestra boca y emitir un juicio sobre algo que nos parece, aunque no necesariamente sea.  Los comentarios listados al inicio se pueden entender de alguien que no ha experimentado la gracia de Dios, pero me resulta denigrante que hoy en día la iglesia y entre los mismos creyentes aún se continúe teniendo conversaciones y comentarios como estos especialmente contiendas entre ellos. 

Esto sucede cuando hay heridas en el corazón que aún no han sanado o cuando se es pronto para juzgar lo que nos rodea y nos olvidamos de nuestra propia vida.  Constantemente estamos haciendo referencia a que debemos vivir una vida en el Espíritu imitando a Jesús, pero ¿sabías que Jesús no fue llamado para juzgar? (ver Juan 12.47), aún cuando El es el mayor representante de Dios Padre que haya existido y existirá sobre la tierra.

Jesús vino a salvar, entonces por qué en lugar de abrir nuestra boca para emitir una crítica a alguien que no está en frente de nosotros o en lugar de juzgar el corazón de alguien que tampoco le hablamos de frente y de quien probablemente no conocemos la historia completa, cambiamos nuestra mentalidad a una de salvación.

Una crítica sin fundamento o una declaración de juicio es muy diferente a dar un consejo por la palabra.  La critica sin fundamento y la declaración de juicio son veneno que dañan tanto el corazón como la fe, mientras que el consejo por la palabra es todo lo contrario, es una semilla que se siembra para vida.

La biblia relata que Pablo regaña severamente a la iglesia de los Corintios (ver 1 Corintios 6) precisamente por hacer litigios y contender entre hermanos delante de los incrédulos. 

Así que antes de abrir nuestra boca, usemos primero nuestros dos oídos para escuchar la voz de Dios, nuestra mente para reflexionar sobre lo que está escrito en Su palabra y conforme a esto, responder solo y cuando es necesario, de lo contrario preguntémonos lo mismo que se preguntó Pablo delante de los Corintios (ver 1 Corintios 6.7) ¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados?

Quien conoce la intimidad del corazón es Dios Padre, dejemos que Él haga su trabajo y nosotros hagamos el nuestro, sembrar la semilla de vida que salva.

Preguntas guías:

¿Cuadno Dios me revela algo de alguien, estoy orando por esa persona, voy le hablo lo que se me ha revelado o lo comparto con todos menos con esa persona?

¿Cuándo siento abrir mi boca para defenderme, es necesario o puedo esperar en la justicia de Dios?

¿Conozco la historia completa y de primera mano cuando hablo algo sobre alguien o estoy hablando sobre algo que escuché de otros?

Oración:

Padre te doy las gracias por enviar a tu hijo a salvarme, se que tu eres quien juzga, por eso te pido que me ayudes con entendimiento para ser justo cuando abro mi boca para señalar a otros. En el nombre de Jesús, AMEN.

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